Archivos para 24 noviembre 2010

Sobre la simbolatría, verdadero peligro para la Francmasonería

La literatura masónica moderna proporciona amplia contestación al simbolismo imaginativo y las interpretaciones exageradas de los símbolos propuestos a la reflexión del francmasón.

TESTIMONIOS:

Probablemente la Francmasonería no sufrirá muchos ataques de enemigos de fuera de sus filas, pero en cambio podría sufrir, y mucho, por las actividades de miembros suyos imprudentemente entusiastas.

Es difícil evaluar la extensión del mal infligido a la cálida amistad de la Orden y el que podría infligírsele en el futuro por la actividad de lo que podríamos llamar la escuela seudo-mística.

Con su rechazo de todo canon de estudio histórico real y con su displicente negación del método científico, con su extravagante facilidad para la invención, con su sustitución de la fraternidad por el individualismo, los esfuerzos de esta escuela son diametralmente opuestos a los objetivos de la Orden.

¿Cómo puede haber espíritu de búsqueda crítica allí donde se considera a la Orden un culto seudo-místico?

Reconocemos que en Masonería hay sitio para todas las categorías y escuelas filosóficas, con ciertos límites. Pero sugiero que siempre deberíamos mirar con inquietud la emergencia de dogmatismo allí donde la libertad de interpretación ha prevalecido hasta el presente.

Y sin embargo no puede negarse que el dogma tiene sitio en diversas interpretaciones de la Francmasonería que existen actualmente. Con muchos alardes de jerga filosófica, se nos dice que Francmasonería es esto y aquello y se nos invita a aceptar multitud de significaciones más profundas y simbolismo oculto.

(J. R. Rylands, de la Logia Quatuor Coronati)

La Orden moderna es esencialmente especulativa y cada Masón debe necesariamente ser especulativo en cierto modo en su actitud frente a sus principios; pero hay una tendencia, largamente extendida, a ampliar los límites de la verdadera búsqueda especulativa y a exagerar los valores simbólicos.

Dicha tendencia se había desarrollado fuertemente hacia finales del siglo XVIII y modernamente se volvió peligrosa para la Orden y para la correcta comprensión de sus exigencias morales y enseñanzas.

Desafortunadamente, este simbolismo increíblemente exagerado ha sido enseñado por Francmasones sinceros y célebres.

Tales extremos de interpretación especulativa son inaceptables. Las explicaciones simbólicas que virtualmente se han estandarizado en los rituales modernos son claras, simples y totalmente satisfactorias.

Es un incontestable derecho de cada Masón ir más lejos en su búsqueda de interpretaciones que colmen sus necesidades espirituales. Pero debería recordarse la línea de Tennyson acerca de la falsedad de los extremos e inclinarse más a aceptar las más amplias explicaciones hasta que se pueda hacer con plena convicción.

(F. R. Worts, en avisos a los estudiosos de Francmasonería (1923)

Descubrir vuestra propia interpretación de nuestros símbolos constituye el mejor ejercicio masónico; el único peligro es que esto pueda llevaros más allá de las explicaciones normalmente simples que nos han sido transmitidas.

Muchos de entre nosotros han visto extraordinarios ejemplos que nada tienen que ver con la Francmasonería y que jamás hubieran podido existir en la mente de quienes reunieron y aprobaron las verdaderas palabras y procedimientos que hoy están en uso.

La simbolatría (veneración excesiva de los símbolos) torna al simbolismo complejo y oscuro. Produce un inútil alejamiento del simple simbolismo original adoptado para una mejor comprensión de conceptos morales.

La Francmasonería no define el significado de los símbolos. Invita a sus miembros a especular sobre el sentido de los mismos. Esta libertad de interpretar es buena, pero no puede reportar ningún beneficio llevarla al extremo, incluso puede llegar a a ser peligrosa para quienes no poseen suficiente cultura masónica.

Utilizamos los símbolos para comprender mejor los conceptos que los sustentan. No deben ser venerados hasta el punto de que se les convierta en el objetivo final de la búsqueda de quienes pretenden extraer de su interpretación satisfacción emocional, más que intelectual.

(H. Ward en la cuarta página de los “Resúmenes” de la Logia Quatuor Coronati)(1969)

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