Archivos para 3 febrero 2013

POSITIVISMO Y RITUALES MASÓNICOS DEL GRAN ORIENTE DE FRANCIA (1877-1887) – Parte VI y última

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ritual aprendiz rito francésHace algunos años analizamos el ritual de aprendiz y, sobre todo, lo referente a la iniciación, por lo que nos contentaremos aquí con resumir aquello que habíamos dicho en Bruselas allá por el año 1977. Desaparecen las huellas alquímicas en el Gabinete de reflexión, el “ni desnudo ni vestido”, todo rastro de las “pruebas” –tanto las físicas como las evocadas por los cuatro elementos-, la “copa de la amargura”, etc… La ceremonia se articula en torno a los “tres viajes” que representan las edades de la vida, y al realizarse cada uno de ellos, el Venerable plantea algunas preguntas al recipiendario al que, por otra parte, se le invita a comentar cuanto ha visto y oído.  El juramento es reemplazado por una “obligación” y la “consagración” se hace valiéndose de la espada, sobre la escuadra y el libro de la Ley Masónica, “en el nombre y bajo los auspicios del Gran Oriente de Francia”.  La “instrucción”, al igual que sucede con los otros dos grados, está fuertemente influenciada por la atmósfera positivista: el Masón pasa a ser un “hombre libre y de buena costumbres (algo que se corresponde con la tradición), que prefiere la justicia y la verdad a cualquier otra cosa… libre de los prejuicios arrastrados por la vulgaridad”. La Masonería es “una institución cuyo objetivo es hacer reinar la justicia entre la Humanidad y establecer la fraternidad”, sus principios son “la tolerancia mutua, el respeto a los otros y a uno mismo, la libertad absoluta de conciencia”, su divisa es “Libertad-Igualdad-Fraternidad”. El hermano “ha de estudiar con atención las cuestiones que agitan las sociedades humanas, buscando soluciones por las vías pacíficas, así como propagar en torno a sí los conocimientos que ha adquirido…” El signo expresa “la igualdad, la derechura, la rectitud”, la espada simboliza la igualdad y el honor, es “el símbolo del combate que el ser humano ha de sostener para defender la justicia y la verdad”, etc.

Los rituales fueron recibidos con satisfacción por el conjunto de Masones y logias del Gran Oriente de Francia, pues se correspondían en buena medida con su mentalidad.

Si Francolin y sobre todo Hubert expresaron reservas, el gran adversario de los rituales de 1877 fue Oswald Wirth en uno de sus últimos libros. Jean Baylot ha resumido la vida de este Masón que, aunque discutido, fue y sigue siendo una gran personalidad. En 1886, en su logia de Châlons, criticó la evolución de la Orden. Ya en París al año siguiente, creó en el seno de la Logia “Les Amis Triomphants” –más tarde denominada “Le Travail et les Vrais Amis Fidèles”, perteneciente al rito escocés- un “Grupo masónico de estudios iniciáticos” al que perteneció durante algún tiempo un joven masón que acabaría convirtiéndose en el “traidor” Bidegain. En 1888, en una conferencia pronunciada en logia que Hubert debía luego publicar, pero sobre todo tras su afiliación al escocismo, Wirth va a dar un trato muy duro a los textos de Amiable. De su grupo saldrán entre 1892 y 1893 el Ritual Interpretativo del grado de Aprendiz y  posteriormente el Libro del Aprendiz. El propio Wirth evolucionó desde su etapa en Châlons, manteniendo estrechos contactos con el abad Rocca, con Boulan y sobre todo con Stanislas de Guaïta, adhiriéndose a finales de 1888 a la “Orden Cabalística Rosacruz”, de la que acabó siendo un dignatario cultivando la amistad de Huysmans. También introduce en sus obras especulaciones numerológicas, cabalísticas y alquímicas que no tienen mucho que ver con la Masonería, pero que renuevan, un siglo después, las especulaciones de Claude de Saint Martin y sus discípulos.

Pero el Consejo de la Orden de 1890 no pertenecía ni a la casa Luxemburgo ni a la de Orleans, y por el contrario ejercía toda su autoridad. De otra parte, Amiable, que consideraba sus Rituales como la gran obra de su vida y como algo además definitivo, llevaba mal la violencia de los ataques de Wirth.  Así las cosas, el 30 de marzo de 1896, el Gran Colegio adoptó un sólido informe de su Gran Secretario, transmitido a todas las logias por intermedio del Consejo. Las observaciones de Amiable resultan casi en su totalidad muy acertadas, habiendo cometido Wirth bastantes errores de detalle al tiempo que se inclinó hacia una “religiosidad” un tanto heterodoxa. Está claro que los dos hombres no hablaban el mismo idioma. Fue en este marco en el que Wirth resucitó la tradicional denominación “arte real”,  al tiempo que Amiable afirmó sin reirse que sementante término chocaba “con las ideas republicanas”. Este debate crearía la reputación masónica de Wirth a pesar de que en su momento no tuvo ninguna repercusión trascendente.

Y es que, en efecto, los Masones del Gran Oriente quedan satisfechos y seguirán estándolo hasta después de la segunda guerra mundial. No se vuelve a hablar de los rituales hasta el período comprendido entre los años 1901 y 1907, momento en el que se plantean nuevos debates y se hacen nuevas propuestas planteando la “simplificación” de los textos (propuesta de los Congresos de las logias de la región parisina en 1901 y de las logias del Sudoeste en 1904).

En el año 1904 el convento invita al Gran Colegio a redactar nuevos rituales “que tomaran en consideración los progresos hechos en el dominio científico, filosófico y sociológico, así como las aspiraciones contemporáneas”. La realidad es que nada se hizo. En ese momento –estamos en la época de Combes- el ritual conocía malos tiempos y muchas logias, en mayor o menor medida, evitaban su aplicación. Se hacía necesaria una reacción que fue, en 1907, el resultado de una actividad combinada de Blatin, Gran Comendador, del Gran Maestro Lafferre y de M. Sembat. Durante el Convento el Gran Maestro recordó lo necesario que resultaba el simbolismo y la propuesta fue en su conjunto aprobada. Pero los dignatarios también estaban decididos a no modificar gran cosa y la situación permaneció inalterable hasta Groussier, en 1937.

aprendiz rito francésLos “Rituales Groussier”, modificados ligeramente en 1955 por Alexandre Chevalier, siguen siendo de uso en la actualidad en el Gran Oriente, y ponen de manifiesto una importante evolución que implica el retorno a la tradición masónica. A pesar de que Corneloup hubiera querido que el Gran Arquitecto (tomado el término en un sentido adogmático, al igual que hace la Gran Logia de Francia) regresara al ritual, continuaron respetándose las decisiones tomadas en 1877, salvo en lo que se refiere a los altos grados donde el uso del término en cuestión pasó a ser facultativo (se pueden abrir los trabajos “A la gloria del Gran Arquitecto del Universo” o “A la gloria de la Masonería Universal”). Se recuperaron las pruebas simbólicas y el simbolismo de los elementos y así, con carácter facultativo, reaparece la “escena del perjuro”, y las “preguntas” que se intercalaban entre los viajes desaparecen para dejar sitio a un “interrogatorio con los ojos vendados” separado de la ceremonia de iniciación. Desaparecen también, de forma oficial o de facto, comentarios o explicaciones que habían quedado desfasados. Pero por encima de todo el ritual se toma en serio y va a ser estrictamente aplicado: Vuelven a usarse el mandil, que había sido sacrificado en provecho de la banda, y los guantes blancos. Por otra parte serán muchos los hermanos y logias que mantendrán una postura proclive “a la investigación”, esfuerzo que no dejará indiferentes a los dignatarios.

Con independencia de cuanto se ha dicho, el Rito francés sigue siendo original en la constelación masónica. Sucesivamente marcado por la “secularización” de la Ilustración, el esoterismo pseudo antiguo de la primera mitad del siglo XIX y el positivismo de la segunda mitad, sigue siendo intensamente agnóstico y es muy poco probable –al menos desde una percepción humana- que se produzcan cambios ideológicos profundos.

Fin del artículo de Daniel Ligou, traducido al español y publicado por Mandiles Azules con permiso del autor.

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