Archivos para 10 enero 2012

¡No a la simbolatría, sí al simbolismo!

Mandiles Azules cuenta hoy con un colaborador especial, Jean Charles Nehr. No es la primera vez que hacemos referencia a su trabajo en este espacio, pero en el día de hoy nos aporta un artículo que, siguiendo la línea de sus reflexiones, a buen seguro resultará útil a nuestros lectores. Les dejamos con la traducción al castellano de este artículo, no sin antes darle las gracias al autor por su trabajo y por ayudarnos en el desarrollo  de este proyecto nuestro que no tiene más fin que el de informar y formar.

Desde hace unos treinta años, se asiste, en cierto número de logias masónicas, al retorno de un concepto según el cual el simbolismo masónico constituiría un medio privilegiado para alcanzar « Verdades de Orden Superior ». Esta creencia lleva pues a algunos Hermanos a buscar significados profundos para nuestros símbolos en ámbitos que a menudo no guardan relación con la Masonería. Conduce también a que la mayor parte de los trabajos de esas logias sean trabajos dichos « simbólicos ». El resultado es el desarrollo de un simbolismo tal que los símbolos son venerados por sí mismos, que el simbolismo se vuelve una fin en sí mismo, y que se asiste a veces al establecimiento de un nuevo culto, la « simbolatría », o adoración excesiva de los símbolos masónicos.

Les propongo, pues, proceder primero al análisis de la « simbolatría », análisis que nos llevará a rechazar esta interpretación del simbolismo como errónea e ilusoria. Podremos entonces reflexionar sobre la naturaleza, las funciones y el modo de acción de la herramienta simbólica en la masonería del Gran Oriente de Francia. Esta reflexión nos permitirá entonces comprender la importancia de los símbolos y de un buen uso de esas herramientas en la Masonería.

I – ¡NO A LA SIMBOLATRÍA

La simbolatría se origina en la idea de que existe un « Conocimiento de Orden Superior », inaccesible por los medios habituales de que dispone el Hombre, pero que puede alcanzarse gracias a la utilización de los símbolos en general y masónicos en particular. Este concepto estuvo muy en boga desde el origen de la masonería y constituyó una de las ramas principales de las preocupaciones tempranas de los masones (cf. los trabajos de los Philalètes). Este concepto lo han vuelto a poner de actualidad Wirth, Boucher, Bayard, Berteaux y otros… Así, Boucher ha escrito: « La Masonería  abre la vía a la iniciación, es decir, al Conocimiento, y sus símbolos permiten acceder a él ».

Esta frase contiene dos afirmaciones:

En primer lugar, existe un Conocimiento con C mayúscula, y hoy dejaré de lado el examen de la naturaleza de ese Conocimiento (he hablado largamente de ello en mi libro Simbolismo y masonería).

En segundo lugar, los símbolos masónicos constituyen los medios de acceder a ese Conocimiento. De hecho, la simbolatría es una desviación de esta segunda afirmación, una exageración de esa teoría. Posee cierta cantidad de características, de las cuales cuatro particularmente típicas: una ausencia de método, la exacerbación interpretativa, la teoría de la libre interpretación de los símbolos, y también, la pérdida del más elemental sentido común por parte de los masones.

Además, reposa sobre un contrasentido en la palabra « símbolo », y por todos esos aspectos, la simbolatría nos aleja de un « buen uso » del simbolismo masónico.

1. Ausencia de método o las afirmaciones sin prueba.

Guénon escribe por ejemplo: « el simbolismo es el medio más adaptado a la enseñanza de las verdades de Orden Superior » (Símbolos de la ciencia Sagrada).

Bayard prosigue: « Este lenguaje mudo (el símbolo), reflejo de la tradición y del orden cósmico, permite desentrañar la esencia de las cosas », y también: « el simbolismo es el crisol de todas las ciencias, así como su síntesis » (Chaîne d´Union, 1948-49, nº 8, p. 353). Pues bien, esas alabanzas ¡nunca vienen acompañadas por las instrucciones que permitirían pasar del símbolo al Conocimiento! No existe ninguna exposición sistemática de algún método de acceso al Conocimiento mediante los símbolos masónicos. Y sin embargo, si dicho método existiese, uno se pregunta: ¡para qué gastar millones de euros en investigación científica! A falta de método, hay que buscar y encontrar otra cosa, los catálogos de símbolos másonicos servirán de apaño.

2. La exacerbación interpretativa

La mayoría de los trabajos que tratan de los símbolos masónicos proporcionan, para un símbolo determinado, todas las interpretaciones que se puedan imaginar. Esas interpretaciones deberían, por su riqueza, permitir al masón que alcance el Conocimiento. La interpretación moral de los símbolos se considera generalmente trivial, insuficiente e indigna de la « verdadera » masonería; es, por tanto, rechazada. Boucher escribe al respecto:  « Cuando (como se observa en la mayoría de autores que han tratado el simbolismo masónico) los comentaristas se explayan en disquisiciones morales, puede uno estar seguro de que los comentaristas no han recibido siquiera la inteligencia elemental de los símbolos ». Gracias a los antecesores, « nuestros venerados Maestros », que adoptaron la mayor parte de nuestros símbolos fundamentales a causa, precisamente, de la enseñanza moral que contenían. Se preferirá por tanto las explicaciones extraídas de las ciencias ocultas: numerología, astrología, tarots, magia, alquimia, cábala…. constituyen las fuentes interpretativas privilegiadas.

Boucher es un adepto de la magia; escribe por ejemplo, acerca del hermano guardatemplo: « está provisto de una espada mágica destinada a disolver los conglomerados fluídicos. El guardatemplo requiere pues una calificación mágica. » Wirth es aficionado a los tarots, Berteaux se dedica a la numerología, pero Pitágoras lo hubiese despedido por los numerosos errores que comete. Numerosos autores se lanzan a la Cábala, sin conocer ni una palabra de hebreo.

Desafortunadamente, todos estos simbolistas se copian mutuamente, y tiene que esforzarse, para existir, por proponer nuevas interpretaciones, cada vez más excesivas, y como a veces los autores no conocen el tema que tratan más que por la lectura o el «copia y pega» de obras de segunda o tercera mano, la cosa desemboca en catástrofes conceptuales. Citemos dos ejemplos entre otros:

Irène Mainguy quien, en la « Symbolique du 3ème millénaire », 1ª edición, Dervy 2001, p.162 escribe: « … Guénon desarrolla que 2 es el primer número par, y que es 3, y no 1, el que se considera como primer número impar; por consiguiente, 2 es el número de la Tierra y 3 el número del Cielo. »

Para empezar, no ha habido que esperar a Guénon para considerar que 3 era el primer impar, los griegos ya lo pensaban. Que 2 sea el número de la Tierra o el de la cantidad de cabellos sobre la cabeza de Matías, porqué no, aunque nadie sabe lo que es el «número de la Tierra», y lo que significa. Pero lo que es aberrante es el «por consiguiente»: es lícito preguntarse cuál es el razonamiento que permite pasar «por consiguiente» de la afirmación: «2 es el primer número impar» a «2 es el número de la Tierra». ¡Misterio simbólico donde los haya!

Otro ejemplo, extraído del Diccionario de los símbolos masónicos, Jean Ferré, le Rocher 1997, p. 84-85; partiendo de las dimensiones de las columnas J y B, el autor nos dice:

«La Cábala permite otra interpretación [de esas columnas], desarrollada por numerosos autores, que reproducimos aquí a fin de facilitar el trabajo del lector. Cada columna, ornada por su capitel, mide, en codos: 18 + 5 = 23, es decir 46 para las dos columnas.

Adán: Aleph, Daleth, Aleph, Mem = 1 + 4 + 1 + 40 = 46,

Edén: He, Daleth, He, Nun = 5 + 4 + 5 + 50 = 64, es decir la inversa de 46.

El espacio delimitado por las dos columnas sería pues el lugar terrestre donde se invierten los mundos. Se deja el mundo profano para entrar en lo Sagrado, en lo divino. »

Dos observaciones:

  1. Los hebreos no conocían los números « árabes », utilizaban, como cifras, las letras del alfabeto. Así, cuarenta y seis se escribe: mem/vav, es decir: מו , y sesenta y cuatro se convierte en: samekh/daleth: סד. Así pues, no hay ni inversión, ni simetrías numéricas.
  2. Más grave: si bien es cierto que, en francés, Adán y Eva se escriben como indica el autor, no es así en hebreo, donde Adán se escribe: aleph/daleth/mem, valor numérico 45, y Edén: ayin/daleth/nun, valor numérico: 114. Quod erat demonstrandum.

La única observación pertinente que cabe hacer es que «Adán» posee el mismo valor numérico, 45, que la palabra «qué», lo que permite afirmar que ¡el hombre es un interrogante perpetuo!

3. La libre interpretación de los símbolos

La simbolatría opina que cada cual puede interpretar libremente un símbolo, ya que, como escribe un hermano: «el símbolo que no significa una realidad evoca necesariamente  todo y su contrario» … y viceversa, claro. Dicho de otro modo: «sin comentarios».

4. Pérdida del sentido crítico

A esto se añade la pérdida de sentido crítico que aqueja a los masones en cuanto se habla de simbolismo. Y eso que, en el mundo profano, el masón es un hombre o una mujer a quien «no se la dan con queso», cuyo sentido crítico está particularmente desarrollado, y que se considera representante de un pensamiento libre ya que liberado. Pero en cuanto se trata de hablar de símbolos y de simbolismo, entonces me parece que hay una abolición total de todas esas cualidades, y vemos al masón aquejado de ceguera mental y dispuesto a tragarse todos los errores y sinsentidos que se le presentan, puesto que se trata de símbolos.

II – SÍ AL SIMBOLISMO.

Para afirmar: sí al simbolismo como herramienta de los masones, debemos responder a tres preguntas: 1 – Qué es un símbolo, 2 – Por qué los masones utilizan símbolos, 3 – Cómo funciona el símbolo.

1. ¿Qué es un símbolo?

Pienso que las dificultades que encontramos cuando hablamos de símbolo provienen de un contrasentido que cometemos cuando utilizamos esa palabra.

Estamos tan acostumbrados a utilizar expresiones como « el mandil es un símbolo » que no nos damos cuenta de que, en realidad, esa frase no quiere decir nada por sí misma. Esto resultará evidente si sustituyo la palabra « mandil » por la palabra « mantequilla » y digo: « la mantequilla es un símbolo », frase que nadie comprenderá si no preciso para quién y de qué, en la masonería, es símbolo. Por ejemplo, ponerse un trozo de mantequilla en la cabeza es un símbolo de cambio de estátus social en el seno de la etnia dorzé (cf. « el simbolismo en general », D. Sperber, colección savoir, ediciones Hermann). Dicho de otro modo, en un símbolo entran en juego tres elementos:

  1. Un «objeto» soporte de otra cosa, a saber, un sentido:
  2. Aquí el cambio de un estátus social pero ¿para quién?
  3. El grupo humano que reconoce la validez de la relación entre el objeto soporte y el sentido: el miembro de la etnia dorzé.

Un símbolo no es pues el mero «objeto» soporte del símbolo, sino el conjunto de un ternario indisociable: objeto soporte + sentido significado + grupo humano.

Obsérvese que esta definición es conforme a la definición primera del símbolo: objeto cortado en dos (soporte), utilizado por dos personas (grupo), para reconocerse (sentido).

Las confusiones

La fuente

La práctica, o mejor dicho la pereza humana, han consagrado, desafortunadamente, la práctica de denominar símbolo tanto el objeto soporte como el conjunto: soporte + sentido + grupo humano. Este procedimiento es erróneo. La confusión de la parte con la totalidad es análoga a la que hacemos cuando invitamos a alguien a «venir a tomar una copa en casa»: ¡nos extrañaría mucho que nuestro invitado se dirigiera al armario y se apoderara de una copa! (en este caso, hay confusión entre contenido y continente).

No hay que olvidar nunca el doble sentido de la palabra símbolo, y hay que recordar que no designa  al soporte, sino al ternario soporte, sentido, grupo humano.

Las consecuencias

Esta confusión conlleva cierta cantidad de derivas. Como en el caso de ese aprendiz que hizo aullar de indignación a los HH.·. de su logia cuando dijo: «El pavimento es el símbolo del apartheid ». En ese caso, sí hay un un binomio soporte-sentido (grupo racista, por ejemplo). Ya no estamos en el contexto del símbolo, sino en el caso de una interpretación personal de un soporte. Para ser coherente, nuestro aprendiz debería decir: « Para mí, el pavimento mosaico representa el apartheid ». No existen los símbolos personales, stricto sensu, sino las representaciones personales, ciertamente simbólicas, pero individuales. Otro ejemplo: para todos los hombres (grupo), la nube (soporte) y la lluvia (sentido) forman un símbolo, pero cada hombre (individuo) puede ver en la nube (soporte) la representación de todas las formas (sentido) que le place ver. Es esta confusión entre símbolo y representación simbólica personal la que origina toda esa literatura esotérico-simbólica que hace las delicias de tantos masones, pero que no guarda relacion alguna con la utilización del símbolo como herramienta masónica y que no proviene, realidad, sino de un mal uso de las palabras.

2. ¿Por qué los masones utilizan símbolos?

Si los símbolos masónicos no son el medio para alcanzar el Conocimiento con C mayúscula, ¿cuáles son las razones que pueden llevar a un grupo humano a utilizar un símbolo, es decir a emplear una formulación diferente de la formulación explícita habitual, que parecería más normal y más fácil de emplear? Estas razones provienen de los caracteres específicos del símbolo, de los cuales tres son esenciales:

  1. En un símbolo, sólo el soporte es visible por todos
  2. En un símbolo, el sentido dado al soporte es diferente de su sentido habitual
  3. ¡Ese sentido nuevo dado al soporte sólo lo conocen los miembros del grupo que reconoce como pertinente !

Esto tiene por consecuencias:

a. En un símbolo, sólo el soporte es visible por todos:

Para nosotros, masones, la consecuencia, es el artículo V de la Constitución:

«La masonería posee signos y emblemas cuyo alto significado no puede ser revelado sino mediante la iniciación. Estos signos y emblemas (…) permiten a éstos (los masones) reconocerse y ayudarse en toda la superficie del globo.»

El soporte oculta a los ojos de quien ignora el sentido: es pues, también, el protector del secreto de esa pertenencia.

b. El sentido significado por el soporte es diferente de su sentido habitual:

Varias razones explican que se utilice el soporte en un sentido diferente al habitual:

b.1 La primera es tener una formulación más simple, más económica y a menudo más fecunda que una formulación explícita: es el caso de las ciencias matemáticas, físicas, químicas, etc. Admitidos, comprendidos y adoptados por el conjunto de miembros de la comunidad científica, lo símbolos permiten una expresión y una comprensión universales.

b.2 Además, existen también conceptos abstractos y/o complejos que resulta mucho más fácil traducir por símbolos. Así Moshe Idel, gran cabalista contemporáneo, escribe: « Los símbolos tienen por función ayudar a percibir lo que es difícil comprender. El símbolo es pues mucho más comprensible que la propia entidad o los propios procesos simbolizados. »

b.3 Finalmente, uno puede tener que caracterizar algo ausente o indefinible, y el símbolo permite esa suplencia. Es el caso, por ejemplo, de una vela que ocupe, en una familia, el lugar de un muerto, o bien, en el judaismo, la utilización del tetragrama iod/he/vav/he que simboliza a Dios en su carácter trascendente y por tanto totalmente indefinible.

c. El nuevo sentido otorgado al soporte no lo conocen sino los miembros de aquel grupo que reconocen como pertinente ese sentido diferente:

La razón esencial y primera de esta forma de proceder es la de callar el contenido de un secreto: se utiliza entonces el símbolo para ocultar bajo un soporte visible el sentido secreto de ese contenido, al tiempo que dicho sentido permanece comprensible para todos los miembros del grupo que lo conocen y comparten.

Es el célebre caso de los alquimistas, que recurrían sistemáticamente a los símbolos para expresar y ocultar sus teorías y sus operaciones prácticas.

Así, los símbolos masónicos son, efectivamente, portadores de sentido, pero ¿cuál? Por supuesto, no poseen ningún contenido secreto, el único secreto de la masonería ¡es que no hay secreto! Sencillamente, a cada momento de nuestra vida masónica, los símbolos, bajo sus variados soportes, están ahí para expresar las cualidades que un masón debe poseer, las virtudes que debe practicar, los valores que debe promover y defender. Puede parecer un flaco programa, pero diré que, si concediéramos algo menos de importancia a la glosa simbólica y prestáramos algo más de antención a los valores ilustrados por nuestros símbolos, entonces, quizá los masones serían un poco mejores que los profanos y el brillo de la masonería algo más esplendoroso.

Pero además, cada símbolo se integra en un conjunto más amplio, un sistema completo, el Simbolismo masónico, a saber: obrar por la mejora material y moral del hombre y de la sociedad. Este proyecto está contenido en el título que nos otorgamos: franc, guión, masones; franc: nos proponemos, pues, liberarnos de todos los obstáculos exteriores e interiores que impiden el nacimiento y el desarrollo de un pensamiento libre; guión: nos invita a la unión de todos los masones de buena voluntad para que nuestra acción sea más fecunda; finalmente, masón: el proyecto masónico nos impone ser constructores de un mundo más justo e ilustrado.

Se impone una última pregunta:

3. ¿Cómo « funciona » el símbolo?

Recurriré a la Biblia para la respuesta, y más precisamente a un extracto de los versículos 38 y 39 del capítulo 15 de Números. Cito: «El Eterno habló a Moisés, diciendo: Habla a los hijos de Israel y les dirás que se hagan franjas en los bordes de sus prendas. (…) Y cuando las vean, recordarán todos los mandamientos del Eterno y los aplicarán.»

He aquí un símbolo con sus tres elementos constitutivo: un soporte (las franjas en los bordes de las prendas), un sentido (recordar los mandamientos y ejecutar los mandamientos del Eterno), un grupo humano (los hijos de Israel). Pero el punto más importante es el siguiente: « … y cuando vean las franjas, recordarán… » Esta frase nos indica cómo funciona el símbolo. El texto no dice: « cuando interpreten las franjas », o « cuando hagan 5,  10 ó 15 minutos de simbolismo sobre las franjas », sino « … cuando las vean… »

Dicho de otro modo, el símbolo no se dirige en primer lugar a nuestra inteligencia discursiva, a nuestro razonamiento. Actúa sobre nosotros mediante otro canal, el de nuestros sentidos, en particular, la vista. El símbolo, cuando vemos su soporte, activa un reflejo condicionado que nos recuerda el sentido del símbolo. Ese reflejo se apoya en una información y una reflexión anteriores, cuando aprendimos el sentido dado al soporte y nos adherimos a ese sentido. Con el tiempo, ese reflejo, muchas veces repetido, nos impregna y nos condiciona.

Llegado al término de nuestra reflexión, es posible medir la validez de la tesis propuesta. En la acepción que vengo de desarrollar, la naturaleza, los roles y el modo de acción del símbolo en la masonería se inscriben de manera pertinente y coherente. El rechazo de toda simbolatría no conlleva ni reducción ni empobrecimiento del valor del símbolo, sino, al contrario, saludables aclaraciones, ampliación y enriquecimiento. Porque lo fundamental son los valores vehiculados gracias a su expresión simbólica, y no una simbolatría confusa, errónea e infantilizante que Lenin, si hubiese sido masón, habría calificado sin duda de enfermedad senil de la masonería franco-francesa.

Jean-Charles Nehr, 27 de septiembre de 2011

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