Entradas etiquetadas como ciudadanía

Taller masónico: logia, capítulo

Por Jean-Pierre Lefèvre

La Logia

El compromiso ciudadano de acudir a la Logia, renunciando al confort de las verdades prefijadas, es una opción social. Francmasón y ciudadano son las dos caras del mismo ser que trabaja alternativamente en ambas columnas de un templo mítico, concebido para que de él se pueda salir fácilmente, por lo que aumentan las posibilidades de permanecer en él de buena gana. Lugar abierto a todas las conquistas interiores, permite que uno inscriba el escenario de su vida en el gran romance de Jerusalén.

Debates sinceros, diversidad de opiniones, actitudes constructivas, aventuras intelectuales son orquestadas por un ritual, ornado por símbolos tomados prestados de la Masonería de oficio. Rituales escritos e imaginados por nuestros predecesores del siglo de las Luces. Lo que ha de saber el Maestro Masón, instruido por el relato de la leyenda de Hiram, se convierte en mito central de la Francmasonería de libre progreso, impregna nuestra conciencia de seres libres con las cuestiones fundamentales de la existencia, de la transgresión de límites, de la relación con lo sagrado, de la fatalidad y del misterio de la muerte.

¿Por qué y… para qué?

Sin embargo, el Maestro Masón debe abrirse a otras búsquedas y procesos durante su recorrido y esta revista quiere ser una de las herramientas que alimenten nuestra reflexión sobre el ambicioso proyecto masónico de una sociedad más solidaria, a fin de consolidar nuestro compromiso.

¿Hacerse, deshacerse, perfeccionarse?

Tomar conciencia de lo que somos y de lo que queremos ser. El perfecto masón libre es el resultado de innumerables causas entremezcladas y colocadas en el centro de nuestro propio universo. A partir de este punto, de esta función, podrá avanzar hacia un futuro prometedor en medio de un grupo animado por una misma voluntad. Es posible llevar esta vida masónica a las canteras del Rito Francés, que aporta satisfacciones y realización de sí, para sentirse al fin libre en su vida ciudadana.

Esta iniciación no es un saber fijo, sino más bien un método que conduce a la desestructuración de nuestros usos culturales. Este espíritu masónico reconstruye nuestro corazón, permitiéndonos así evolucionar hacia el concepto unificador de una ciudadanía universal. Ciudadanía que favorece la libertad de todas las expresiones democráticas, impone la igualdad de recorridos para todos y declara que la fraternidad no conoce fronteras.

Mito, concepto y principios

Construir es algo universal, los símbolos y el mito fundador de nuestra tradición masónica moderna se tomaron prestados de los masones operativos y cobran sentido en las Constituciones de Anderson de 1723. Constituyen otros tantos apoyos para ayudarnos en el laberinto de prácticas rituales de esta Francmasonería adogmática en la que nos hemos enrolado.

La Piedra mítica: material vinculado con la construcción, señala el origen y el objetivo que es preciso alcanzar.

Piedra bruta y tallada: apertura del espíritu y conciencia libre.

Piedra de soberanía: acoge los principios fundamentales de nuestra Orden.

Somos mensajeros de la memoria en tanto que portadores de este ideal, del que Renan escribía en sus memorias: “El mundo tiene poco de ideal; pero, por ese poco, se salva”.

El sentido de nuestro compromiso es ser, antes que nada, momento privilegiado en el que uno se interroga sobre sí mismo, sobre sus límites, sus responsabilidades y sobre el vínculo existente entre todas las etapas de nuestra vida. He aquí la clara diferencia entre el reino animal y el orden humano, que se mantiene sobre todo con esa genial invención que es la escritura y con el uso que de ella se hace.

El libro

Un hombre que muere es una biblioteca potencial, no escrita, que desaparece. Libro y ritual permiten una transmisión del mensaje a través de las distintas épocas. Los rituales son las expresiones simbólicas que crean disponibilidades para que no sean entendidas aquéllas como “espejismos de humo” sino como el principio unificador que nos congrega y que nos abre el horizonte de este humanismo de reconciliación.

Los principios fundamentales del GODF

Tolerancia mutua, respeto a los otros y a uno mismo, libertad absoluta de conciencia, concuerdan perfectamente con las obligaciones de las Constituciones de Anderson/Désaguliers de 1723. El concepto progresista consiste, ante todo, no sólo en reivindicar los propios derechos, sino también en escribir El cuadro de deberes. Esto ilumina nuestro compromiso como perfectos masones libres, comendadores del Templo ideal que deseamos edificar.

El Capítulo

El Capítulo estructura nuestros sueños. Se corresponde con la imagen que los Hermanos se hacen del romanticismo, de la filosofía y de la poesía que faltan en el itinerario precedente. Las Órdenes de Sabiduría nos muestran que sueños y utopías compartidos no son ya suficientes frente a las pretendidas certezas de las doctrinas e ideologías de nuestra sociedad. Nuestro patrimonio cultural del Taller simbólico nos ha preparado en este proceso filosófico, que no consiste en evadirse del mundo sino en comprenderlo mejor.

El Taller filosófico aporta una nueva visión sobre el conjunto de sombras de la civilización y de todos los ámbitos de la vida contemporánea, haciendo así posible que nada ni nadie colonice nuestro imaginario.

El ritual, de ayer y de mañana

El ritual de hoy ha de estar abierto a toda conquista interior, al conjunto de aventura

s individuales al servicio de un colectivo. Esforo de ideas para la elaboración de escenarios útiles para nuestra acción concreta en la ciudad. Es necesario trabajar con los rituales históricos, que son nuestra memoria, y cuyo conocimiento es indispensable y necesario para dar el salto creativo, de cara a establecer los rituales de referencia del Gran Capítulo General del siglo XXI.

Nuestro Capítulo Francés se abre a todas las esperanzas, a todas las generosidades, a todos los ideales, frente a esta civilización tan singular. El Capítulo Francés es lugar ideal para apartar la vagancia de la cigarra del triunfo frágil de la hormiga. Tenemos el imperioso deber de dar prueba –también nosotros- de imaginación.

Las Órdenes de Sabiduría nunca son superiores, sino diferentes, unas a otras, como decía Víctor Hugo: “sólo el mejor encuentra lo mejor”.

El perfecto masón libre traza de este modo su itinerario entre la abscisa de la duda y la ordenada de la verdad, lo que le permite permanecer fiel a su compromiso y lúcido él mismo. El gran proyecto de sociedad imaginado por nuestros predecesores del Tiempo de las Luces, desde 1717 en Londres, que ya rechazaban la mediocridad de un pensamiento único para inscribirse en la modernidad.

Reapropiándonos de esta memoria nos convertimos en protagonistas vivos de este proyecto de sociedad.

 

Anuncios

, , , ,

3 comentarios