Entradas etiquetadas como Porset

Homenaje a Charles Porset: segunda aportación.

Homenaje de JL Coy a C. Porset

Tenida fúnebre LdV del 7/01/2012.

Charles P. nos deja el sabor amargo de este tiempo en suspenso, el periodo en el que, tal y como él mismo escribió en una pequeña obra sobre los vampiros en la época de las Luces, «uno se pregunta si, a pesar de la muerte, el cuerpo no continúa viviendo».

En efecto, mis impresiones perduran, vuelvo a ver a Charles según los lugares, las horas, en todos sus estados de ánimo. Quisiera poder describirlo, resumir en algunas frases lo que representa para mí, para nosotros. Es, ante todo, fraternal, pero su pudor pone freno al arrojo excesivo. A fin de retomar un ternario elegido por nuestro H. Edouard. Boeglin, Charles es también a la vez un académico, un filósofo y un hombre de acción.

Al alba, en 1981, mi primer viaje me hizo conocer al científico, en el comité de redacción de nuestra revista obedencial. Muy elegante, al estilo de un seductor inglés, con su « Príncipe de Gales », su pajarita roja, sus grandes gafas redondas, su cabellera desmelenada, provisto de un sempiterno cigarro italiano, medio cortado, a fin de aprovecharlo mejor, aunque ello supusiera volver a encenderlo sin cesar, Charles empieza a hablar de una obra que ha editado y comentado como ya hizo Wilhelm de Humboldt, el Ensayo sobre el origen de las lenguas de J.J. Rousseau. La razón de este diálogo inicial es simple : somos ambos bordaleses por adopción, íberos de corazón, huérfanos por causas patrióticas, y tenemos la misma edad. Al día siguiente corro a instruirme a la biblioteca.

Lo que me chocó entonces fue la agudeza de las observaciones del autor que en 1968 escribe : «Rousseau se libera del intelectualismo, aspecto negativo de las Luces, para privilegiar la fuerza de la pasión y de la sensibilidad, una fuerza que equilibra el poder equivalente del deber». Luego seguía una demostración de la armonía de los sonidos que demostraba los conocimientos musicales del comentarista de ese texto. Ese primer pasaje, de una escritura extraordinariamente rica en vocabulario, como lo fue infaliblemente en lo sucesivo, revelaba a mis ojos una lucidez, una altura de miras y un sentimiento de la vida que sólo un sabio posee al tiempo.

Llegado el mediodía, segundo viaje en compañía del historiador, del filósofo y del dialéctico. Pronto reconocido y honrado por sus pares de la Universidad gracias a su estudio sobre las logias provinciales durante la IIIª República, Charles se lanza al admirable comentario de la Loge des neufs sœurs de Amiable, que él mismo edita con la ayuda de la Sra. Jeanne Pagiusco.

La época de su cincuentena es fecunda, la vivacidad perenne, la inteligencia brillante, el verbo penetrante, el carácter sin duda más tenaz, a ratos juguetón y polémico, Charles no muerde pero mordisquea, su franqueza a veces acerada no deja pasar ni una pero, fiel a su querido Voltaire, modera su acidez.  Así, durante un ajusta verbal, aquí mismo, se contenta simplemente con leer un texto del filósofo de Ferney escrito en 1776 :

« Olvidemos nuestras querellas. El mundo no es sino una familia, los hombres son hermanos. Los hermanos se querellan a veces, pero los buenos corazones vuelven fácilmente ». Charles practica una suerte de ejercicio espiritual del desapego, del distanciamiento, para alcanzar la imparcialidad, la objetividad y el espíritu crítico, para recolocar las cosas en una perspectiva universal. En muchos puntos, alcanza esa «mirada superior» que Voltaire llama el punto de vista de Sirius en Micromégas.

Es también el momento de su inmenso trabajo consagrado a la historia de la F.M. francesa del XVIII, que desde entonces servirá de referencia a todo investigador sobre ese tema. No podemos enumerar los diversos títulos de las obras, artículos y comunicaciones publicadas por Charles durante  estos años, de Philalètes a F.M., Lumières et Révolution, pasando por Hiram sans culotte.

Al atardecer viajamos a Mulhouse, los F.M. charlan, cantan, Poky Rochard nos recida el banquete de los defraudadores. Estamos casi al final de un siglo, Charles se inclina hacia mí : « Vamos a crear una logia ». Ha llegado la hora de la acción, del compromiso completo con la Masonería con la que soñamos, que imaginamos « capaz de dar corrección al espíritu y de arrancar los prejuicios de raiz ». Ese mismo día, durante la tarde, Charles leía de nuevo una plancha sobre el ternario Libertad, Igualdad, Fraternidad, que los masones han sabido apropiarse, añadió con su aire pillo y escéptico a la vez. Qué más da, la leyenda es bella.

Nuestra Logia se llamará Léonard de Vinci y adoptará su lema « ostinato rigore ». Podría ser el de su fundador, que nunca cejó en sus convicciones republicanas y escribió en su Voltaire humaniste : « En una época en la que algunos hablan del derecho a la diferencia y recusan el universalismo que propagaron las Luces y que recogió la República, Voltaire  nos previene : sed filósofos, el fanatismo siempre y en todas partes no ha sido otra cosa sino el odio al pensamiento ».

Se hace tarde. El  último viaje se prepara. Charles se agota con Le monde maçonnique des Lumières, una obra gigantesca que traza con Cécile Révauger y la ayuda constante de Jeanne Pagiusco.

Hablamos quedamente casi cada día de esta perra cotidianidad tan dura de soportar. Leemos incansablemente las historias de sexo contadas por Léautaud en su diario, que nos entusiasman.

Una tarde, Jeanne nos fotografía en el pasillo del apartamento, Charles se pone una camiseta rojo vivo, su sonrisa es la de un crío travieso, su brazo enflaquecido aprieta el mío. «Primum vivere », repetía, « Gedenke zu Leben » (memento vivere), responde Goethe. Es el final del día. ¡Hasta luego, Charles !

Anuncios

, , ,

Deja un comentario