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Diálogo con Jean-Pierre Catala

En Mandiles Azules tenemos hoy el honor de exponer la primera entrevista que realizamos a una persona vinculada a la vivencia del Rito francés. Nos hemos sentado con Jean Pierre Catalá, responsable del Gran Capítulo General del Gran Oriente de Francia de Rito francés, y hemos hablado largo y tendido con él. El encuentro tuvo lugar recientemente, en Gijón, España, coincidiendo con su participación en la ceremonia de constitución del Capítulo asturiano que lleva el nombre de Clara Campoamor, y sobre el que ya informamos aquí.
Pensamos que el diálogo mantenido con Jean Pierre Catala y que hoy publicamos, puede aportar luz sobre muchas cuestiones, algunas de las cuales como fue el caso de la Carta de Lisboa,  han sido en ocasiones objeto de cierta polémica gratuita y peregrina.
Pero –y esto es lo más importante- somos conscientes sobre todo de que la voz clara de Jean Pierre Catala nos resultará útil a una inmensa mayoría, a aquellos que participamos de la práctica del Rito francés en nuestros Talleres y Capítulos, impasibles ante el mundanal ruido, y firmes, más aun si cabe, en nuestras convicciones.
Desde Mandiles Azules expresamos toda nuestra gratitud a Jean Pierre Catala.

¿Quién es Jean Pierre Catala? ¿Qué podemos decirle a los lectores de este espacio, masones o no, sobre la figura de Jean Pierre Catala?

(Una sonrisa y una exclamación  genuinamente francesa previas a la reflexión)… Jean Pierre Catala es un masón como cualquier otro. Es lo que hay. Cuarenta y cuatro años de masonería y todo un recorrido que me ha llevado a tener la responsabilidad al frente del Gran Capítulo General del Rito francés (GCG RF)… Es cuanto hay en el plano masónico… Bastante sencillo…

¿Y cómo fue tu incorporación a la masonería? ¿Cuál es tu vivencia a este respecto?

Pues pienso que tendría que darle las gracias en el Ejército del Aire a quien entonces era mi capitán, que era masón y que fue mi padrino. Sin él no habría conocido nunca esta peculiar cofradía que es la Francmasonería… Es una gran parte de mi vida… Tengo también otros compromisos en la vida política y asociativa, pero mi compromiso masónico no se ha visto paralizado nunca.  Siempre he conservado intacta la voluntad de seguir adelante, de compartir con los demás. Creo que eso es lo más interesante. El hecho de compartir en un marco muy particular y privilegiado, el marco de la fraternidad bien entendida… Porque la fraternidad ha de ser bien comprendida: No sirve para apropiarse de un bien y quedárselo uno para sí; la fraternidad implica compartir de manera recíproca y además –y es fundamental- respetar al otro. Pienso que los ideales masónicos nos trascienden en cierto modo porque en nuestras asociaciones no escuchamos los mismos argumentos y eso es lo que a mí personalmente me ha permitido hacer mi camino masónico que, entre comillas, denominaría “iniciático”… Y digo lo de iniciático entrecomillado porque si aplico la concepción de nuestro querido Charles Porset, en el siglo XVIII no hablamos de iniciación sino de recepción. Es verdad que esto luego fue recogido por otros que, vamos a decirlo así, arrimaron el ascua a su sardina para forzar la aceptación de esta recepción… Pero yo me quedo con lo formulado por mi amigo Charles Porset respecto a esta recepción tan particular que nos permite encontrarnos…

Así que el mío es un recorrido como el de cualquier masón que primero ha de hacer un trabajo sobre sí mismo para luego compartirlo con los demás y hacer trascender… Bueno, no vamos a decir trascender, pero sí podemos hablar de difundir los que son nuestros principios. En particular en el Gran Oriente de Francia, donde tenemos valores como la libertad, la fraternidad, la laicidad, la solidaridad… Algo que quiere significar que nos volcamos sobre el dominio social y no únicamente, por dar un ejemplo, en una reflexión esotérica.

Si lo he entendido bien, estamos hablando con la cabeza visible, el responsable del Gran Capítulo General para el Rito francés del Gran Oriente de Francia. ¿Qué es eso? ¿Qué se le puede explicar tanto a un maestro masón como a una persona ajena sobre lo que esto quiere decir?…

Bien.  Hay que hacer un poco de historia, aunque sea a muy grandes rasgos para entenderlo.

La masonería en un principio contaba con tres grados… Para ser más precisos, en un primer momento había dos grados, aprendiz y compañero. Luego fue añadido el de maestro… Y hubo masones que intentaron crear – yo diría que trataron de apropiarse- un sistema de grados más elevados. A este sistema de “altos grados”, lo  denominamos del “Rito francés” por el mero hecho de que fue desarrollado en Francia. El caso es que en un determinado momento hubo algo así como un fenómeno de competencia entre tal sistema de “altos grados” y los tres primeros. Por eso, si en 1773, con ocasión de la creación del Gran Oriente tal y como lo conocemos, no se tomaron más que los tres primeros grados, pero también es cierto que se dieron cuenta de que no podían dejar esos “altos grados” de lado, pues se trataba de un sistema que verdaderamente era reconocido por muchos masones y también, al mismo tiempo, de que se corría el riesgo de fragilizar la nueva estructura con que se había dotado al Gran Oriente.  Por esta razón, a partir de 1782 se pone en marcha lo que se conoce como Cámara de Grados. Se hizo un trabajo fundamentalmente de compilación –quizá codificación-, de investigación… Podríamos decir que se hizo un trabajo que consistió en “pelar” los diferentes y múltiples rituales que existían –porque había un sinnúmero de rituales entonces- para intentar poner en marcha lo que denominamos Rito francés, en particular en lo que se refiere a los “altos grados”, que es lo que nos interesa en esta explicación. Y esta Cámara de Grados trabajó entre 1784 y 1786, contando con la aportación de un “obrero” como fue Roëttiers de Montaleau. Fue él quien durante un tiempo trabajó con más intensidad. Luego se detuvo, pero mientras duró su intensa acción, llevada a cabo prácticamente solo, logró articular los cuatro órdenes de sabiduría del Rito francés. 1786 es una referencia temporal importante porque cuando, con anterioridad, una pluralidad de hermanos dio el paso de la refundación de la masonería francesa configurando el Gran Oriente de Francia, también crearon al lado de la propia Obediencia un Gran Capítulo General de Francia, y en 1786 –vuelvo a la referencia temporal- este Gran Capítulo se incorporará al Gran Oriente de Francia. Es decir: Formará parte directamente del propio G.O.D.F. El Gran Capítulo General de Francia se convertirá así en el elemento federador dentro del G.O.D.F. de los “altos grados”. Los hechos siguen su curso hasta 1789, año en el que estalla la Revolución francesa con las vicisitudes que ya se conocen; y tras el fenómeno revolucionario, el sistema de “altos grados” del Rito francés se desarrollará no sólo en Francia, sino también fuera de ella, en Europa, siguiendo la estela de la epopeya napoleónica -es un hecho conocido que había un buen número de masones entre sus mariscales y e la tropa-. Ante este proceso puede decirse que el Rito francés, en cuanto concierne a sus grados superiores, va a gozar de una “belle vie”, una feliz existencia.

Mientras tanto, en 1804, veremos llegar por intermedio de Grasse Tilly el Rito Escocés Antiguo y Aceptado. Este sistema ritual va a contar con el apoyo del Príncipe Cambacères que, actuando con gran inteligencia, supo impulsarlo explicando su riqueza. Y al resultar que con esta nueva incorporación también van a existir grados superiores que llegan vía “Rito escocés”, el Gran Oriente de Francia toma la decisión de crear en 1813 el Gran Colegio de Ritos, organismo que tendrá por objeto aunar la totalidad de grados superiores de todos los ritos para su gestión…

Volviendo al Rito francés –y me estoy refiriendo a él desde la perspectiva del Gran Capítulo General-, la suya es también la historia de una ausencia durante 150 años. Una ausencia que hizo posible que únicamente el Rito Escocés Antiguo y Aceptado pudiera desarrollarse. Hasta que llega el año 1974. En ese momento aparece alguien, Roger Dalméras, que crea un Capítulo, empeñándose en la recuperación del ritual del Soberano Capítulo Metropolitano de 1786. En este punto hago un inciso, porque hay que saber también que en ese año, 1786, a instancias de Roëttiers de Montaleau, aparece bajo la forma de lo que se denominará el “1801”, el Ritual del Caballero Masón. Y volviendo a lo que íbamos diciendo sobre la iniciativa de Dalméras, éste intentó recuperar ese ritual, poniéndolo en práctica en Francia y haciéndolo aplicar en el Capítulo recién creado. Hay que decir que aunque sus integrantes pertenecieran al Gran Oriente de Francia, se trataba de una estructura independiente. Y también, antes de seguir, tengo que hacer referencia a la labor de otra figura importante, René Guilly, que estuvo también en el origen de toda esta iniciativa

Posteriormente, en la década de los años noventa, comienza a haber en el seno del Gran Oriente de Francia cierto movimiento originado por el hecho de que los hermanos que eran Maestros en el Rito francés no comprendían que, para continuar su recorrido en los grados superiores, no hubiera otro camino que el del Rito Escocés Antiguo y Aceptado o el del Rito Escocés Rectificado –también reconocido en el Gran Oriente-. Así las cosas, en 1994 hay cuatro capítulos en la región de Niza creados bajo el impulso del Rito Francés Moderno Restablecido… Estos cuatro capítulos fueron reconocidos por el Gran Oriente. Pero en el relato de esta historia, por el momento sólo hablamos de un movimiento de fondo que tiene lugar en Francia y en esa época… Llega un momento en que en el seno del Gran Oriente de Francia se produce una transformación, lo que motiva que el Gran Colegio de Ritos reactive una sección que no había dejado de existir, la de Rito francés. Se crearán diecinueve capítulos dentro del Gran Oriente, administrados por el Gran Colegio de Ritos y dentro del sistema del Rito francés.

Al mismo tiempo, alguien que había sido Gran Maestro del Gran Oriente de Francia, en 1996, y sirviéndose de la Patente del Rito francés, opta por salir de la esfera del Gran Colegio de Ritos para promover la creación del Gran Capítulo General del Rito francés, en el que, aplicando las directrices del Convento de 1877, va a acogerse el principio de Libertad de Conciencia.

Es decir –resumiendo-, entre los años 1996 y 1998 nos encontramos con tres tendencias: La primera del Rito Francés Moderno Restablecido en el Sudoeste; la segunda, del Rito Francés vamos a decir “tipo 1801”; y una última tendencia del Rito Francés que se apoya en los postulados emanados del Convento de 1877.

El Consejo de l Orden de la época, a cuyo frente estaba Philippe Gugliemi, pondrá sobre el tapete las tres “modalidades” e iniciará un trabajo colectivo de reflexión con la idea de poner en práctica un sistema común. Y ese sistema común lo encarna el Gran Capítulo General para el Rito francés tal y como lo conocemos hoy, presentado al Convento de la Obediencia el 3 de septiembre de 1999, el cual le dará la potestad de administrar y gestionar el Rito francés.

Todo esto es un apunte para explicar qué es el Gran Capítulo General, de dónde viene… Hoy tenemos 4.300 miembros y la voluntad por encima de todo de transmitir estos Órdenes de Sabiduría en todos los países en los que haya masones, pues este Rito tiene una vocación universal y, además de trabajar sobre el simbolismo, la filosofía o incluso lo esotérico, trabaja también –y mucho- sobre la sociedad de nuestro tiempo… Y esto último es, creo, el elemento fundamental que caracteriza al Rito francés: Su apertura a la reflexión sobre la realidad social y desde la importancia que le atribuimos a nuestros principios y valores, los del Gran Oriente de Francia. Porque no olvidemos nunca que nosotros, antes que “miembros” de un determinado Rito, o de un Capítulo, o de  cualquier Jurisdicción, somos todos miembros del Gran Oriente.  En suma, y concretando: Son el conjunto de valores y principios de nuestra Obediencia los que nos impulsan, y esa es la razón por la que en los Órdenes de Sabiduría se procede al abrir los trabajos a dar lectura al “Artículo Primero” de la Constitución. Todo esto es el Gran Capítulo General: Poder transmitir ese conjunto de valores democráticos, republicanos y laicos en el contexto mundial, para cerrar así una cadena de unión permanente en torno a ese acervo que nos pertenece.

He escuchado atentamente las explicaciones que has dado y a partir de un conocido artículo de Pierre Mollier, publicado en noviembre de 2011, donde explica cómo se gestó y evolucionó ese proceso de “silencio” o “ausencia” del Rito francés en lo que a sus Órdenes de Sabiduría atañe, entiendo que tratamos de dos cosas muy diferentes: De una parte la falta de actividad; pero de otra, el hecho de que el silencio no ha impedido –y es lo que explica claramente Pierre Mollier- la continuidad de una imprescindible estructura administrativa garante de una legitimidad histórica…

La legitimidad existe porque siempre ha habido quien, en ocasiones de una forma independiente, ha mantenido la continuidad en el tiempo. Si existe el Gran Capítulo General tal y como lo conocemos a día de hoy es, por citar un ejemplo entre muchos, porque ha existido el Capítulo Théophile Desaguliers, de la L.N.F., Logia Nacional Francesa, de donde se retomó la patente del Rito francés. Es decir, en ningún momento ha habido ruptura. Por el contrario, siempre ha habido una línea continua proyectada en el tiempo que ha permitido la transmisión hasta nuestros días de lo que es el Rito francés a nivel de “grados superiores”. Ello no es óbice para afirmar que los años noventa han sido muy importantes para nosotros, pues ha habido la voluntad de muchos hermanos del Gran Oriente de Francia  de exigir la reanudación de la actividad en estos “grados superiores”. Todo ha llevado a crispar los ánimos de algunos –algo que siempre se puede entender-; ha podido haber cierta incomprensión en algún momento –lo que es completamente normal por ser humano-… Pero hoy podemos decir que asistimos a un apaciguamiento; trabajamos unidos cada vez que nos encontramos, invitamos a las diferentes Jurisdicciones de distintos ritos porque, como decía antes, ritos a un lado, somos antes que nada Gran Oriente de Francia. Y es que, si existe alguna fractura, por pequeña que sea, que afecte a alguna de las Jurisdicciones de los Grados Superiores, estaríamos hablando realmente de una grieta en la estructura del Gran Oriente de Francia que dejaría la puerta abierta a algunos que, muy probablemente, no actuarían siguiendo nuestra misma filosofía…

Y continuando con la cuestión de la legitimidad histórica: Sabemos que en abril de 2011 se firmó la Carta de Lisboa. ¿Puede explicar que importancia tiene ese texto? ¿Qué aporta?

La Carta de Lisboa es un documento que recoge los principios fundamentales del Rito francés, que es el Rito de Fundación del Siglo de las Luces. Es decir, que las Jurisdicciones que han firmado la Carta se han comprometido a respetar el Rito francés tal y como el Gran Oriente de Francia recoge en la patente que les ha dado. Hay que saber que el Gran Oriente siempre es el propietario de cada patente que otorga y que ésta, una vez entregada a no importa qué jurisdicción, no supone sino una delegación. Nadie puede apropiarse de lo que únicamente es una delegación. Eso quiere decir que si sucediera que una jurisdicción cualquiera no respetara los principios fundamentales del Rito francés, el GODF podría –es así- retirar tal patente: Se trata de la legitimidad del Gran Oriente de Francia y de la del Rito francés, pues no existe otra; y eso a pesar de que algunos pongan por delante el recurso al Brasil o reflexiones similares. Lo digo siempre: Dejemos falsificar a los impostores y que elaboren las teorías que más les gusten; nosotros sabemos en todo caso que no existe otra legitimidad que la del Gran Oriente; nunca otras apuntadas por algunos que, mediante ciertos escritos, no hacen sino desviarse de la naturaleza misma de lo que es el Rito francés.

Esto es la Carta: El respeto a los principios fundamentales…

…Perdón¿ Y se asume esto por más Grandes Capítulos que el del Gran Oriente?

Sí, por supuesto. La prueba está en que en el mes de Octubre vamos a abrir dos nuevos Grandes Capítulos Generales en Congo, Brazzaville. Ambos suscribirán la Carta. Además de la convención que también se firmará con ellos, los dos se comprometerán a respetar los Órdenes de Sabiduría del Rito francés tal y como han sido definidos por el Gran Oriente de Francia.

Con respecto a la Carta de Lisboa  hay quien traza cierto paralelismo: Se hace referencia a la exclusiva legitimidad reivindicada sobre la Francmasonería por la Gran Logia Unida de Inglaterra, y se dice que por parte del GODF se hace algo parecido; se dice que éste quiere ser propietario o ejercer una especie de monopolio… He llegado a leer que en cierto modo actúa como una “masonería anglosajona”…

Bueno, pues también en cierto modo y de manera  irónica diré que nos hacen un gran honor, pues no debemos olvidar que la Francmasonería nació en Inglaterra… Sí, podría entenderse que hasta nos hacen un honor al colocarnos al mismo nivel que la “masonería anglosajona”…

Pero no es eso en absoluto:  Las patentes, los rituales, los ritos… ¿Quién los ostenta sino es el Gran Oriente de Francia? Todos los demás los han recibido del Gran Oriente, con lo que han recibido la delegación del Rito, nunca la propiedad… Si yo soy dueño de mi casa puedo disponer de una parte de ella a favor de quien yo quiera, pero sigo siendo el titular de mi patrimonio… Y la Patente del Rito francés es el patrimonio del Gran Oriente de Francia. No hay más patrimonio que éste… Aunque también podemos entender que haya quien quiera apropiarse porque probablemente esto le permite vivir…

… Bueno, hay quien defiende “otras” legitimidades. He leído de todo sobre esto. Ahora, por ejemplo, recuerdo una tesis que sostenía que en su día existió una patente en cuyo reverso había escrita una mención que otorgaba un derecho de propiedad, etc… La verdad es que yo no he visto el documento en cuestión con lo cual no puedo saber…

… Sí, conozco esta historia… Pero en lo que se refiere a las Patentes del Rito francés –y así lo recoge también la Carta de Lisboa a la que nos referíamos antes- se especifica que “ni se pueden transmitir ni ser objeto de retrocesión”… Es decir, la patente se recibe pero no cabe más disposición sobre ella…

Pero en el pasado ¿también se actuó así? Siguiendo con el ejemplo que formulaba antes ¿cabe la posibilidad de que a principios del siglo XIX se actuara de otro modo distinto?

Bien, para responder yo me planteo: La famosa patente de 1804 ¿qué cosa era?… Es que no se puede comparar con una patente de hoy… Lo que sucede realmente en torno a toda esta preocupación que suscita la cuestión de las patentes no es otra cosa que el temor a la hegemonía del Gran Oriente de Francia… Eso es lo que está pasando. Enseguida se dice_ “Éstos, lo único que quieren es dirigirlo todo, mangonearlo todo…” ¡Y para nada es eso!

Para nada es eso porque, en primer lugar, cada vez que se crea un Gran Capítulo General –esto se explica muy bien-, entregamos una patente; además respaldamos al Gran Capítulo recién creado; estamos pendientes de su evolución; si lo necesita o pide, lo aconsejamos… Esto lo hacemos todo el tiempo que desee y quiera. Pero no tenemos nunca ninguna pretensión de gobernar esa nueva jurisdicción abierta en otro país… Otra cosa diferente es -y esto se puede decir así- que cuando uno tiene un tesoro no desea que se dilapide, así que siendo ese tesoro el Rito francés siempre estamos atentos a la forma en que se aplica. Pero por otra parte comprendemos muy bien que haya quien quiera hacer que ese tesoro engrandezca,  se desarrolle: Cuando tal desarrollo tiene lugar respetando lo previamente firmado no surge nunca ninguna dificultad…

Pero vamos a seguir con esas patentes de 1804, 1812 ó 1820… Hay que tener en cuenta que en ese momento no estamos ante una masonería como la de hoy día. Si contemplamos de cerca algún detalle podríamos ver que si, por ejemplo, hoy somos 55.000 miembros en el Gran Oriente de Francia, en aquel entonces no había ni de lejos 55.000 masones. Además, en aquella era la “élite” social –creo que puede decirse así- lo que uno podía encontrarse en el seno de la Francmasonería… Sin más consideración algunos piensan que pueden apropiarse diciendo: “…Somos un país, somos tal país y tenemos la patente, y esta patente es propiedad de nuestro país…”. Y no es así: No tenemos ningún problema para otorgarla pero quien la recibe es usufructuario. Los titulares somos nosotros, y de ahí no nos vamos a mover nunca…

Entiendo que ése es el caso de Capítulos Generales como el español, que son una jurisdicción independiente, constituido en octubre de 2010. Es decir, que a partir de su explicación podemos decir que se trata de una Potencia masónica que ha recibido una Patente que le permite dar una continuidad a un concreto “recorrido masónico” a través del sistema representado por el Rito francés… Me estoy refiriendo a los Órdenes de Sabiduría, claro está… Dado que el caso español es uno entre muchos, me pregunto si estamos ante una especie de colonización…

En absoluto. Hay que quitarse de la cabeza esa idea de que el Gran Oriente de Francia quiere ejercer una hegemonía a imagen y semejanza de la que pretende la Gran Logia Unida de Inglaterra. Bajo ningún concepto. Todo lo contrario. Otra cosa diferente es que estemos atentos y queramos saber qué se hace con aquello que confiamos a otros.

… Pero entiendo que aunque hablemos de una independencia, vamos a decir a nivel “jurídico”, existen no obstante lazos muy fuertes, relaciones estrechas y una voluntad de colaboración por parte del Gran Capítulo General del Gran Oriente, materializada en traducciones, trabajos conjuntos…

Mira, sobre esto puedo decirte que hoy estamos en plena fase de construcción. Si uno mira la historia, el Gran Capítulo General en su configuración actual no existe realmente, aunque haya habido antes capítulos y otras estructuras… Pero su refundación tiene lugar hace tan solo trece años, en 1999. Estamos en 2012. Una masonería como esta está, con trece años, está en plena adolescencia, así que es cierto: estamos construyendo… Hace falta que levantemos una masonería del Gran Capítulo General -en particular de los Grandes Capítulos Generales del Rito francés- que sea reconocida por todos y que cuente también con la conformidad de todos. Y eso de la “conformidad de todos” quiere decir que construimos todos juntos. Por nuestra parte podemos aportar los principios fundamentales en el respeto de las jurisdicciones que trabajan con nosotros. Se hace necesario que colaboremos al máximo no en el sentido de cooperar con un poder –no importa cuál- del Gran Oriente sobre otras jurisdicciones, sino bajo la fórmula de una participación activa de todos. Unidos, es como hacemos crecer y desarrollarse al Rito francés. Por esto, durante los encuentros de Lisboa del año pasado, además de firmar la Carta a la que nos referíamos antes, nos comprometimos todos los Grandes Capítulos firmantes a reunirnos cada dos años. Y es que no hemos tenido nunca la intención de entregar únicamente una Patente; para nosotros es mucho más importante y necesario trabajar todos juntos, compartiendo cierta complicidad, poder encontrarnos y escuchar y compartir con los demás, cada uno con arreglo a sus usos, su costumbre, su visión que, probablemente, es diferente de la nuestra… Es todo ese “hacer conjunto” lo que tenemos que lograr. Así que vamos a hacer posible que se aplique esa máxima masónica que dice “unir cuanto está disperso”.

… Está claro… Hay algo que tengo que plantear y que has tratado indirectamente: Seguir ese camino o recorrido masónico a través de los Órdenes de Sabiduría es algo voluntario para cada maestro masón… ¿Qué se le puede decir a un maestro para explicarle: “esto es el Rito francés”. Me refiero a qué especificidad se ha de poner de manifiesto ante otros sistemas, sea el escocés o cualquier otro… Y digo “ante”, no “frente”… Creo que en ningún caso hablamos de competencia en el sentido de “esto es mejor que aquello”, sino de explicar qué caracteriza al Rito francés en relación con otros sistemas, esto es, de alcanzar –o al menos intentarlo- la esencia de las cosas…

Es muy sencillo. El Rito francés se compone de tres grados simbólicos, cuatro órdenes, más un quinto orden que podríamos decir permanece a un lado. Ahora me explicaré con más detalle. Antes ha que decir que la mayoría de las logias en Francia trabajan en Rito francés, sin embargo, hasta 1999 el maestro que quería continuar más allá, no tenía la posibilidad de elegir otra vía que la del Rito Escocés Antiguo y Aceptado o la del Rito Escocés Rectificado –los menos-. Dicho de otro modo, se producía una ruptura en la vivencia del Rito francés y su continuación a través de los Órdenes de Sabiduría, al tener que trabajar necesariamente en R.E.A.A… Hoy, por el contrario, se ofrece la posibilidad a los maestros de comenzar en el grado de aprendiz, seguir con el de compañero y maestro, y continuar luego en la misma filosofía, la misma reflexión… Continuar desde el grado de maestro hasta el Cuarto Orden. O lo que es lo mismo, que desde que se alcanza el grado de maestro, si se sigue en Rito francés, uno se dará cuenta de que existe un lazo, una continuidad, con el Primer Orden, de éste con el Segundo, luego con el Tercero, para acabar finalmente con el Cuarto… Además, cuando se alcanza el Cuarto Orden surge la posibilidad en el marco de la iniciativa masónica personal, de la ejemplaridad de cada masón, de alcanzar un Orden que podríamos decir está al lado –no por encima-. Se trata del Quinto Orden. Éste, trabaja más bien en torno a lo que es un conservatorio del Rito, una mayor profundización en la esencia del mismo y en todos los ritos. Entiendo que es el Orden que nos permite tener cierta perspectiva y tender un poco más hacia la sabiduría –y digo tender porque no creo que la sabiduría se alcance nunca. Pienso que intentamos ir hacia ella…-.

Volviendo a España y para concluir: Has venido para dar tu apoyo en la ceremonia del encendido de luces de un nuevo Soberano Capítulo que lleva el título distintivo de “Clara Campoamor”. Conoces la historia ligada a un nombre que se ha recuperado de otro proyecto que existió antes… Bien, has venido a Gijón y la pregunta obligada es… ¿Ha ido todo bien?

¡Ah!… Estoy encantado de haber venido a Gijón. Todo bien. En primer lugar resalto vuestra acogida, que ha sido muy fraternal y calurosa. En segundo lugar, desde un punto de vista emocional, ha sido un momento muy intenso: Poder poner en marcha un Capítulo como éste… Porque se trata del cuarto Capítulo que ve la luz en España hoy, y los cuatro capítulos son la estructura sobre la que vamos a apoyarnos para desarrollar el Rito francés a nivel de los Órdenes de Sabiduría. Soy consciente de que no es fácil. Y no lo es porque cuando la mayoría de los masones y masonas trabajan en el R.E.A.A. hay que hacer una pirueta para llegar a los Órdenes de Sabiduría del Rito francés… Pero estáis en el buen camino para poder dar en este país todo el impulso necesario para desarrollar el Rito francés. Seguiremos colaborando de manera constante con los cuatro capítulos y con el Gran Capítulo General de España, a cuyo frente está ahora Manel Mor. Hay que añadir que para nosotros sois extremadamente importantes, pues a vuestro lado está Portugal, el Gran Capítulo General de Portugal, y hay una gran tarea a realizar entre vuestros dos Grandes Capítulos, por vuestra cercanía… Y también porque Francia, Portugal y España materializan una triangulación que contiene todo un trabajo a realizar de gran interés, pues nos permite estrechar cada vez más los vínculos que nos unen, aproximarnos más… Y estoy convencido de que en unos años esto tendrá como resultado una mayor apertura sobre esta tierra ibérica vuestra. Así que tengo mucha confianza en esto y estoy dispuesto siempre a volver a Gijón…

Muchísimas gracias, Querido Hermano.

Muchas gracias a vosotros.

*Esta entrevista fue realizada en el Puerto Deportivo de Gijón el pasado domingo, 1 de julio de 2012. La fotografía que la encabeza fue tomada el mismo día, siendo publicada en este medio con la autorización de su autor.

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