POSITIVISMO Y RITUALES MASÓNICOS DEL GRAN ORIENTE DE FRANCIA (1877-1887) – Parte IV

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Desmons

El Consejo del 2 de agosto se encargó de determinar cómo utilizar todo el material y documentación recogidos. A Amiable le correspondió la responsabilidad de hacer una síntesis que luego sería enviada a cada delegado del Convento. La “Tercera Comisión” de tal convento sería la encargada de hacer un estudio y un informe sobre el que se tomarían las decisiones finales.

Y así en efecto, cuando da comienzo el convento en cuestiónn, el día 13 de septiembre, bajo la presidencia de Desmons, el trabajo está ya hecho y se ha distribuido entre los delegados un “cuadernillo azul”. Las opiniones de las logias se clasificaron con mucha precisión y los diversos pareceres fueron analizados con enorme objetividad. El esquema a seguir y el contenido concreto de las ideas expuestas debían ser recogidos en el informe de la Comisión, presentada por el profesor agregado de filosofía Dequaire, que supo extraer con precisión las ideas generales vertidas en el proceso.  El responsable del informe destaca la doble filosofía que resulta de la síntesis. Las logias reclaman “enérgicamente la conservación del simbolismo que da a la Masonería universal su fisonomía original”, pero quieren que ese simbolismo sea “sobrio, claro y absolutamente neutro”. Dequaire distingue el “simbolismo, que es una de las formas en que se expresa el pensamiento” del “deísmo que es una creencia”. Es partidario de mantener un simbolismo “neutro” con respecto tanto a las “diversas creencias” como frente “las negaciones”. Tiene que “inspirarse en esta filosofía positivista que no se eleva por encima de lo humano y que no considera por encima del hombre sino a la imperecedera humanidad”.

Dequaire afirma que esta visión de la Masonería no es una innovación sino la defensa “de las más puras tradiciones de la antigua Masonería”. Afirma que “el francés Desaguliers” (sic), al tiempo de organizar la Masonería inglesa, “quiso hacer de nuestros Templos el cobijo de lo que hoy llamaríamos libertad de pensamiento” y que “no pudo concebir que la Francmasonería pudiera ser una asociación dogmática capaz de imponer, aunque fuera mínimamente, unas creencias metafísicas”. No fue sino por la intermediación de Ramsay, “agente de la política jacobita”, que la Francmasonería regresó de Inglaterra cargada con un credo “desconocido para la institución”. Y también sostiene que las Grandes Logias del otro lado del Canal de la Mancha “han falseado algo la institución”. Estas afirmaciones, cuando menos discutibles, serán sin embargo y con carácter general bien recibidas en el Gran Oriente de Francia, lo que le condenará a un perpetuo (y molesto) anacronismo.

Así las cosas los Cuadernos de Grados han de ser testigos de este espíritu de “tolerancia y neutralidad”.  La reforma precedente fue insuficiente y en adelante es necesario que nuestro simbolismo, sin separar al Gran Oriente de otras masonerías, no sea en cierto modo el de una religión natural, sino más bien la sensible expresión de nuestra orientación, tan admirablemente resumida en la triple fórmula “Libertad, Igualdad, Fraternidad”. Dequaire constata también que muchos hermanos han mostrado su interés por las “Pruebas”, pero que hay que ver el asunto “desde un punto de vista más elevado”. Hay en nuestro ritual “cosas muy antiguas” que no mantenemos sino por respeto a la tradición y al universalismo masónico. Sin embargo será fácil “conciliar las exigencias de la razón moderna con aquellas ligadas a la tradición internacional”, presentando “bajo la forma de una sencilla descripción, aquello que, en nuestro simbolismo, no tiene más que un valor histórico”; “conduciendo a la mínima expresión aquéllos símbolos que no tienen otro fin que el facilitar el reconocimiento interobediencial”. Además, no hay en este punto un problema irresoluble porque muchas logias, actuando por su cuenta, han “efectuado de forma razonable una revisión de las pruebas físicas”. Lo esencial es realizar “un examen filosófico de todas las fórmulas que hay en nuestros Cuadernos,  una reescritura de cuanto no esté claro y de aquello que no tenga un carácter neutro”, sin perjuicio del respeto a los “derechos históricos e internacionales del simbolismo”. Sería igualmente deseable que fuesen más completas –las fórmulas- y que el conocimiento de los grados estuviera más extendido.

John T. Desaguliers

John T. Desaguliers

¿A quien conviene encargar la realización de semejante revisión? No puede ser cometido de la Asamblea general, sino del Gran Colegio. Éste, a través de la intervención de los hermanos Amiable y Viguier, ya ha dado su visto bueno a la Comisión y propuesto la incorporación de hermanos competentes, así como mantener contacto con el Consejo “para todo aquello que, en relación on la redacción de los rituales, pudiera afectar a las relaciones masónicas internacionales”.  En dos ocasiones diferentes Dequiaire precisa que el uso de estos rituales será simplemente “recomendado”, nunca “impuesto”; y que cada taller será libre “en el marco general de las ceremonias masónicas, de mantener sus usos y prácticas particulares”. Señala por otra parte que la Comisión ha rechazado una propuesta del hermano Francolin en la que se reclamaba una libertad ritual absoluta, y concluye afirmado que su informe respalda “una redacción equilibrada de los rituales en la línea apuntada por la consulta hecha”, y que ha tratado de ser el intérprete de “los sentimientos progresistas que desde la sabiduría animan a la Francmasonería francesa, colocándola a la vanguardia de la Francmasonería universal”. El informe fue aceptado unánimemente.  Y Amiable se pudo de inmediato a trabajar. Ya el 25 de octubre anunció al Consejo la constitución de la Comisión, integrada por seis miembros del Gran Colegio y otros seis “Hermanos no pertenecientes al mismo pero escogidos por haber llamado especialmente la atención del Gran Colegio por los trabajos preparatorios que habían hecho”. Amiable asumió la presidencia, Thulié, consejero de la Orden, la vicepresidencia, los hermanos Mauger, Muy Sabio del Capítulo “Los Amigos Benefactores”, y Melinette, Venerable de la Logia “Thèleme”, la secretaría. Los demás componentes eran Fontainas, Viguier Chastanet, jefe del secretariado y Décembre-Allonier, por el Gran Colegio; también Bompart, Orador de “La Estrella Polar”, Bordier, Venerable de honor de la Logia “Amigos de la Patria”, Boucheron, miembro de “Thélème”, y Parmentier, Venerable de “Unión de Amigos de los Pueblos y Benefactores”, todos los cuales representaban “las bases”. La Comisión ya había comenzado sus trabajos; ahora debía continuarlos y someterlos periódicamente al parecer del Gran Colegio y del Consejo.

Todo fue muy rápido porque ya el 10 de enero de 1887 Amiable presentó los textos al Consejo.  Por su parte, habiendo sido aprobados el día 18 de febrero por el Gran Colegio, lo que se conoce como el “petit Convent” –una sesión plenaria celebrada en época primaveral por el Consejo- procedió a estudiarlos y tras un debate que se prolongó durante los días 15 y 16 de abril, los adoptó no sin efectuar “varias modificaciones”. Amiable encargó de inmediato la impresión de los rituales de modo que el día 13 de junio el trabajo estaba prácticamente terminado, y el Consejo decidió acompañar el envío de la documentación de un informe del propio Amiable y de una circular del Consejo cuya redacción correría a cargo de Viguier. El día 27 todo esta ya listo y el Consejo da el visto bueno definitivo.

La circular de Viguier, firmada por Colfavru y los secretarios no tiene gran interés, pero el “informe sobre los nuevos rituales para las Logias” de Amiable es, muy por el contrario, un documento importante. El autor precisa las diversas circunstancias que le han rodeado y le han llevado a presentar el trabajo; también los diversos episodios del proceso de elaboración. Insiste respecto a la voluntad de las logias de revisar el ritual, una gran parte en lo referente a la iniciación; y otro buen número de talleres, los grados de compañero y maestro. La Comisión “de los doce” trabajó intensamente teniendo nada menos que catorce reuniones en dos meses y medio. Amiable traza seguidamente en este ritual “recomendado”, la diferencia entre lo que es “obligatorio” y lo que es “facultativo”. En lo referente a la iniciación, no se pueden suprimir ni las pruebas , ni determinados pasajes del ritual que no son sino “la puesta en práctica de algunas disposiciones fundamentales de la ley masónica”, ni el simbolismo. Pero con “estas reservas”, está permitido recortar y añadir algunos detalles, conservando siempre la “regularidad y la dignidad”.

El nuevo ritual tiene una presentación tipográfica sensiblemente mejorada inspirada en los textos del Supremo Consejo y de la Gran Logia Simbólica Escocesa. También ha tomado prestados diversos detalles procedentes de rituales de “potencias masónicas con sede fuera de Francia”. Es una lástima que Amiable no nos dé más precisiones, aunque podemos pensar que en lo fundamental está haciendo referencia al Gran Oriente de Bélgica. El nuevo ritual renuncia al “estilo nobiliario” de uso habitual hasta la fecha, simplifica las diferentes formulaciones y huye de las repeticiones. El papel del segundo vigilante adquiere más peso –en un marco de racionalidad-,  y pasa a depender en adelante del Venerable en vez del Primer Vigilante, en contra de lo que era el uso. Hay también una cierta racionalización, pues la lectura de la correspondencia, las elecciones de los Oficiales, su instalación y la comunicación de las palabras del semestre pasan a tener su sitio en el ritual, donde hasta entonces no figuraban. Hay otras dos innovaciones: En cada uno de los Cuadernos de los tres grados aparece en el encabezado un memento en el que de forma sucinta se expone “a cada hermano aquello que debe saber”; y la “instrucción” se separa del ritual. Aparecen en el nuevo texto ceremonias que ya existían pero que no tenían ningún carácter oficial en el viejo ritual; así junto al tradicional ritual del banquete aparece por primera vez un ritual de instalación de logia, que había sido elaborado incluso antes del propio convento de 1886; también la ceremonia de “inauguración” de un nuevo Templo “que ha permanecido un tanto descuidada hasta nuestros días”; y la “pompa fúnebre”, con respecto a la que los rituales “surgidos de iniciativas individuales, han sido redactados en consideración exclusiva a una creencia, estando, desde ya hace tiempo, en completo desacuerdo con la opinión general que reina entre nosotros”.  Recordemos finalmente que, no obstante la petición hecha por algunos talleres, no se recogen rituales de “adopción masónica” ni de “ceremonias de reconocimiento conyugal”, cuestiones que quedan confiadas a la iniciativa privada siendo ésta una regla aun en vigor en el Gran Oriente a diferencia de lo que sucede en una Obediencia mixta como el “Derecho Humano” (N.T.: El artículo fue redactado con anterioridad a septiembre de 2010, momento a partir del cual, sin modificación reglamentaria alguna, el Gran Oriente, reconoció que la posibilidad de iniciación e su seno no conocía diferencia de género alguna, estando en consecuencia abierta a todo ser humano).

Amiable hace hincapié seguidamente en las modificaciones que han afectado a los rituales de los tres grados simbólicos. Comienza por la iniciación. Se han suprimido “las dos ideas intimidatorias de purificación. De ellas la primera parecía hacer de la Masonería una sociedad secreta, mientras que la segunda parecía atribuirle un carácter religioso”. Puestas en práctica de manera escrupulosa, hacían que “las pruebas resultaran difíciles, un tanto repulsivas y, en ocasiones, hasta peligrosas”. Llevadas sin embargo a cabo sin tanto rigor, carecían de seriedad y perdían algunas veces la nota de “la gravedad”. Hemos recuperado la “sencillez” de los viejos tiempos… Sin embargo hemos conservado los tres viajes que forman parte de la tradición masónica universal, si bien “liberándoles de todo lo accesorio”… Representan las etapas de la existencia humana y contienen una llamada a la solidaridad. Cada viaje va precedido de un interrogatorio y el ritual sugiere los temas sobre los que han de versar las cuestiones “que habrán de referirse a problemas filosóficos, morales o sociales” y que, desarrolladas, pueden proporcionar temas para ser objeto de conferencias a pronunciar en logia. Las pruebas ya no son físicas, puesto que sólo subsiste la banda y la obligación de dar tres vueltas en torno a la logia.

El autor se extiende con menos detalle al referirse a los otros grados.  Señala únicamente que la instrucción que se transmite durante los cinco viajes ha sido ampliamente desarrollada y, finalmente, para la elevación al tercer grado, la leyenda de Hiram se ha mantenido “como proveniente de una muy antigua tradición y porque su simbolismo sirve de vínculo con la Francmasonería universal”, si bien su exposición ha sido “retocada”. Se han desarrollado ampliamente las instrucciones correspondientes a los tres grados inspirándose pare ello en trabajos anteriores, mencionando aquí Amiable los nombres de Chemin-Dupontès, Ragon, Cauchois, François Favre y Caubet.

La filosofía general de los nuevos rituales es su “neutralidad ante las diversas creencias”.  Amiable considera que “los conocimientos proporcionados por la ciencia en su estado actual deben ser aprovechados por nosotros”.

Continuará

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