Carta de Lisboa: Retos del Rito Francés en el Tercer Milenio

Por Mandiles Azules

Mañana habrá un desfile. Es el aniversario de la Revolución de los Claveles. Ya han pasado 37 años. No tengo memoria de aquellos hechos. En mi casa algo supieron en su momento pero quizá no con la intensidad que el asunto merecía. Sin embargo como es lógico aquí las cosas se perciben de otra forma. El día del calendario de abril está presente no sólo en los rojizos hierros con que han tejido el puente que atraviesa la inmensidad casi eterna del río Tajo: Hay un innumerable conjunto de colectivos; aunque desde aquí tendremos un recuerdo especial para la Asociación 25 de Abril del “Bairro Alto”, pensando en los brazos tendidos y abiertos con que han acogido esta compleja y peculiar embajada internacional.

Mañana habrá un desfile. Pero hoy Lisboa ha sido un marco excepcional para lo que es el presente y será el futuro del Rito Francés. El Gran Oriente ha sido uno de los fuelles que ha ayudado a soplar sobre las brasas. Y no ha sido el único porque, fieles como siempre al universalismo, se ha mezclado con un sinnúmero de Grandes Capítulos Generales. Mientras escribo me vienen a la memoria el de España, Montenegro, Marruecos, Barranquilla –en Colombia-, Uruguay, Puerto Rico, Polonia, el Gran Oriente de Suiza, las Grandes Logias de Francia, tanto la Mixta como la Femenina, el Gran Oriente Latino Americano…

Del viernes a hoy muchas habrán sido las sensaciones vividas. Una experiencia difícil de comunicar que para una buena parte de los asistentes debió comenzar en el Palacio Masónico de Portugal, ayer sábado, al desarrollarse unos particulares trabajos capitulares que han continuado hoy en el mismo lugar,  dando curso a un programa cuidadosamente diseñado que ha permitido la firma de protocolos de reconocimiento, hermanamiento y amistad, así como la promulgación ¡por fin! de la Carta del Rito Francés para el Tercer Milenio. Todo esto ha sucedido en la víspera de la Revolución de este Portugal del que sabemos tan poco.

Desde las ventanas del Hotel Barcelona se ha de ver en la mañana un cielo luminoso, a veces tachonado por retazos grises que llevan al pensador a perder la mirada y la imaginación en un laberinto de colores y formas moldeadas por el viento. El pensador se desorienta al rememorar la sucesión de emociones, y está convencido de que es algo que debe sucederle tanto a los que llevan muchos años volcados con esta peculiar vivencia masónica, como a quienes se asoman a ella por vez primera, descubriendo que, como en A Quinta da Regaleira, no hay espacios oscuros si uno no desea permanecer envuelto en un hondo silencio más tiempo del necesario, y descubriendo también que lo que ha vivido, lo que ha sentido, nada tiene que ver con el ruido profano, adornado a veces engañosamente con el ribete azul.

Habrá –lo hay ya- un antes y un después para referirse a los Órdenes de Sabiduría del Rito Francés. Es Lisboa, la ciudad abierta al mar, la que atesora para una pequeña historia los trazos de esa frontera en el tiempo. Es la bella Lisboa el lugar en el que se ha encontrado una parte de aquello que estaba disperso, donde se ha dado la mano la mejor voluntad, el rigor, los anhelos de hacer algo nuevo y el trabajo serio y honesto que rehúye de la polémica artificial, estéril y de toda ínfula. Es Lisboa, la capital del Portugal republicano, la que acabará dando nombre a esa Carta del Rito Francés para el Tercer Milenio, donde se entretejen los mimbres para afrontar un futuro complejo e incierto, como siempre, como en cada época ha sido. En cierto modo quizá vuelva a repetirse el sueño de Pombal, el sueño de la reconstrucción, levantando en medio de las ruinas esa gran logia que quizá fuera, sin saberlo nadie, la Praça do Comercio.

Quizá el cielo de la mañana sea particularmente luminoso desde esta ventana, pero ya es noche cerrada. Las luces se van desparramando por las alargadas laderas de esta ciudad que es nueva y vieja al mismo tiempo, desde el Castelo de San Jorge hasta Alfama y A Baixa. Se oyen voces y algún cántico. Pronto será ya 25 de Abril, habrá fiesta y un alegre desfile de claveles rojos y, por qué no decirlo, también de mandiles azules.

En la víspera del 25 de abril de 2011

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  1. #1 por JL el 26 de abril de 2011 - 7:42

    QH

    He de reconocer que no entiendo eso de retos de un rito. ¿Cómo un vehículo de trabajo puede tener retos? El único reto lo tiene o lo debe tener el masón, el reto de su propio trabajo, de su conocimiento personal y de su propio camino. Hablar de retos de rito me parece muy alejado del espíritu de humildad que, a mi entender, el RF francés pretende construir.

    Fraternalmente.
    JL

  2. #2 por RF el 26 de abril de 2011 - 17:44

    Yo creo que la referencia a la expresión “retos” se entiende perfectamente dentro del contexto al que alude el artículo. No ataca, ni creo que pretenda tal cosa, a ninguna noción de humildad (que comparto con el autor del post anterior): Entiendo que hablamos de una herramienta. Una herramienta que ha de ser útil a quienes se sirven de ella como lo ha sido en el pasado a quienes se sirvieron en los dos milenios anteriores. Si ha de ser útil ante un futuro incierto, lógico es que se adapte a una realidad muy diferente (como ya lo ha hecho en el pasado) sin que tal cosa signifique perder ninguna esencia característica. Yo al menos lo veo así.
    Fraternalmente R.

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