A través del tiempo.

Europa, mediados del siglo XVIIIA principios del siglo XVIII, la francmasonería que conocemos como especulativa atraviesa el canal de La Mancha y llega a la Europa continental procedente de Inglaterra. Es allí donde se configura con una estructura que sufrirá en diferente medida una evolución con el paso de los años. Pero será con toda seguridad en el suelo del viejo continente donde asistiremos al mayor volumen de transformaciones provocadas en algún caso por el devenir histórico europeo, y en otros por la propia necesidad de ajustar la entidad a las nuevas necesidades que acompañan a los tiempos.

Cuando la francmasonería llega a Europa, el rito que regula el funcionamiento de las logias y que éstas practican no difiere de las mecánicas fijadas en origen. Los talleres que se establecen inicialmente en suelo francés, serán depositarios de todo un principio de legitimidad y regularidad, hasta el punto de que el que se conocerá como Rito Francés es el más antiguo de los practicados en el continente.

El panorama que bien podemos llamar masónico, se va volviendo con el paso de los años un tanto confuso.  A mediados del siglo XVIII podemos ya apreciar algunas transformaciones producto de una cierta influencia hermética, monástica y caballeresca. Así, no son pocas las logias en las que se generaliza la utilización de las espadas en sus ceremonias; comienzan igualmente a utilizarse nuevos vocablos como el de “venerable”. El propio espacio en el que se reúnen los francmasones experimenta un cambio notable, apareciendo el suelo ajedrezado, la cámara del medio como lugar específico para las reuniones de los maestros de la logia, o ese otro espacio que llamamos “parvis” –o atrio- y que queda fuera del lugar específicamente ideado para la realización del trabajo masónico. La destacada importancia que se otorga al Evangelio de San Juan es también otra de las notas características que se aprecian en la época; del mismo modo que la creación de nuevos puestos de oficial –el orador- pensados para atender el funcionamiento de talleres cada vez más grandes y más complejos. Confusiones provocadas por la traducción de algunas palabras del inglés al francés, introducen nuevos elementos simbólicos u ornamentales. Tal es el caso de las columnas que comienzan a colocarse en el centro de la logia, olvidando el papel que tienen las que se encuentran a la entrada del templo y que, de una manera metafórica, soportan el peso de toda la construcción junto con una tercer e imaginario pilar representado por la figura del Venerable.

Para entender el proceso que se desencadenó entonces, podríamos de alguna forma establecer un paralelismo entre lo que  sucedió con este paisaje diverso apreciable en las logias, y la pluralidad normativa que vivió la Europa del siglo XVIII. En efecto, a finales de esta centuria, las diferentes potencias europeas –especialmente aquellas que basaban sus estructuras jurídicas en lo que se conoce como sistema continental, de fuerte influencia romana- acumulaban un volumen desordenado de disposiciones que habitualmente provocaba el caos y la inseguridad jurídica. Ello llevó, en buena medida bajo el impulso de lo que conocemos como Ilustración, a asentar en la conciencia de los legisladores del momento la necesidad de “limpiar” el catálogo normativo de antinomias y anacronismos. En países como Francia, donde el siglo de las Luces brilló en todo su esplendor, este movimiento “codificador” gozó de un gran éxito. Sirva de ejemplo el Código Civil, publicado en 1804 bajo el impulso de Jean Jacques Régis de Cambacérès, miembro del Gran Oriente de Francia. Por el contrario, en países como España, donde el dogmatismo religioso apenas sí dejo un hueco para que pudiera escucharse aquella palabra extranjera, se tardó prácticamente un siglo en codificar los textos jurídicos del derecho privado, optando por un sistema poco eficiente como fue el de las compilaciones, colecciones legislativas que en la mayor parte de los casos quedaban desfasadas al tiempo de su publicación.

Cuando en mayo de 1773 se produce la unificación de las diferentes logias que existen en Francia bajo una estructura con características propias –el Gran Oriente- , se da un impulso decisivo a la aplicación del criterio “codificador” y “unificador” en el ámbito ritual que tendrá importantes consecuencias para la configuración de lo que conocemos como Rito Francés. Con una Obediencia ya estructurada, se nombrarán dos comisiones cuyo propósito es poner fin al fenómeno de dispersión ritual. Nombres como los de Bacon de la Chevalerie, Toussaint, Stroganoff, Brest de la Chausée, Morin, o el abogado Joseph Ignace Guillotin, se unirán al de Roettiers de Montaleau, Gran Venerable (según la denominación de la época) del Gran Oriente entre los años 1795 y 1804, y cuya determinación permitirá la aparición en 1786 y posterior edición en 1801, de un texto unificado y, por fin, codificado, conocido como “Le Regulateur du Maçon”. El Rito Francés pasa a tener en ese momento una consistencia física como nunca antes la había tenido; y la más antigua de las Obediencias masónicas de la Europa continental se dota así, para la articulación y desarrollo del trabajo de sus logias, de un útil descristianizado, equilibrado, caracterizado por el recurso a la concisión.  La realización de estudios comparativos, técnica tan antigua casi como los propios usos rituales, nos permite conocer a día de hoy cómo fue el detalle de ese proceso de codificación, preocupado no por modificar las más antiguas esencias, pero sí por adaptar los textos a la realidad social del momento.

La nueva estructura codificada con que se presenta el Rito Francés afrontará grandes transformaciones en la segunda mitad del siglo XIX. La primera de ellas se producirá bajo el mandato como Gran Maestro de Lucien Murat, que da lugar a la que generalmente se considera la versión ritual más depurada, auténtica y fiel. La segunda, consecuencia directa de la decisión adoptada por el Convento de 1877 de omitir toda referencia religiosa y garantizar el principio de libertad de conciencia, será la llevada a cabo bajo la dirección del abogado Louis Amiable, fuertemente influido por las ideas positivistas de Augusto Comte, y que dirige la comisión nombrada al efecto con el ánimo de garantizar a través del nuevo texto el hecho de la “neutralidad ante las diversas creencias”. Desaparecen así pruebas y viajes, y el discurso filosófico sustituye pasajes de los textos precedentes anclados en el pasado.

Hasta llegar a la fórmula actual con que se presenta el cuaderno de rituales de referencia en Rito Francés, fueron necesarios otros pasos de los que, sin duda, hablaremos largo y tendido en “Mandiles Azules”. El más importante de ellos fue el dado por uno de los Grandes Maestros cuya figura ha influido notablemente en la reciente historia del Gran Oriente de Francia: Arthur Groussier. Además de ser el padre del moderno Código de Derecho Laboral Francés, Groussier promovió en el seno del Gran Oriente el retorno a las fórmulas rituales anteriores a la codificación de Amiable, considerada en cierto modo como un texto excesivamente marcado por el racionalismo y alejado de las fuentes originarias en las que bebía la tradición ritual de la Obediencia. En 1935 la asamblea del Gran Oriente de Francia vota favorablemente un nuevo documento cuya aplicación no será real sino a partir de la liberación del país, una vez finalizada la Segunda Guerra Mundial en el año 1945.

En el albor de la década de los 70 se producirá una enésima versión de estos textos que pretende, una vez más, readaptar el ritual de referencia a la realidad social, simplificando especialmente las referencias a viajes y pruebas que se desarrollan en algunos grados. Es esta versión la que, en esencia, permanece en la actualidad, sufriendo de vez en cuando algunas actualizaciones o correcciones de mayor o menor calado que han dado lugar a nuevas ediciones (citamos, por ejemplo, la del año 2002 ó la de 2009) que no forman parte del mercado editorial y que son, única y exclusivamente, de uso interno de los miembros del Gran Oriente de Francia.

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  1. #1 por José Mantero el 16 de noviembre de 2010 - 11:33

    Magnífico post con un sugerente y lúcido recorrido histórico. Este blog apunta bien. Enhorabuena y adelante. Abrazos fraternales.

  2. #2 por Erasmo el 17 de noviembre de 2010 - 9:47

    ¡Bienvenidos, Hermanos! El ciberespacio masónico necesitaba una web así. Todos los interesados en el Rito Francés -qué somos muchos- esperábamos la aparición de la primera página española sobre Rito Francés abordado de un modo riguroso y, lo que es más importante, adogmático y fraterno, es decir, alejado de cierto “talibanismo ritual” que caracteriza ciertas experiencias y que otro querido hermano denunciaba recientemente en un post. Enhorabuena y adelante con este imprescindible trabajo para la extensión de la masonería en el ámbito de lengua española.

    • #3 por VIctor Guerra el 19 de noviembre de 2010 - 8:38

      Estimado Erasmo:” Mandiles Azules”, no es la primera pagina dedicada en español dedicada al Rito Francés, es en todo casos será la cuarta, después de bastantes años, al menos que yo recuerde, y decirte que todos estamos en la directriz de rigurosidad y adogmatismo, salvo que entiendas que los historiadores que escriben no son rigurosos . Otra cosa es la consideración de sea fraterno o no, que eso ya es más subjetivo
      Victor Guerra

  3. #4 por José Mantero el 19 de noviembre de 2010 - 10:41

    Lo que Erasmo dice en su comentario está bien claro, y no intenta desmerecer a nadie. Se congratula de que haya una página específicamente dedicada a tratar el Rito Francies, y a hacerlo sin pensar que lo que dice va a misa -como se suele decir-, sin dogmatismos ni talibanismos. A lo que estábamos acostumbrados hasta no hace mucho, en el panorama en español en torno al Rito Francés, era a otra cosa, de tono rayano en el sectarismo de quienes piensan que lo suyo es lo que vale, y los demás están equivocados. ¡Qué bien desfila mi niño -decía la pobre madre-, mientras que todos llevan el paso “cambiao”! Pues eso acaba de dejar de ocurrir en España con respecto a las publicaciones sobre el Rito Francés. De lo cuál me congratulo sobremanera, porque los sectarismos dividen -tal vez busquen dividir, para sobresalir, siquiera sea mínimamente- y hacen lo contrario de lo que la Francmasonería es: centro de unión. En fin, de nuevo, enhorabuena.

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